Inicia el destierro Mella, en 1882, y elige como lugar de residencia Madrid, donde fortalece su amistad, ya iniciada en el citado congreso sevillano, con el director de la Revista Social, el "notario" Serrano Oteiza. Este hecho influirá decisivamente en su pensamiento y en su vida: se da a conocer como escritor en la revista, se casa con Esperanza Serrano, hija del "notario", e, impulsado por la familia de su mujer, estudia Topografía, lo que le permite ganar una oposición y ser destinado a Sevilla. Allí se pone en contacto con el anarquismo andaluz -del que tomará la gran capacidad propagandística y rechazará la violencia- y vive, en palabras de J.A. Durán, "años decisivos, quizá los más decididamente militantes". Es también durante esta época cuando comienza a brillar Mella como pensador y teórico del anarquismo: colabora en las revistas Acracia (Barcelona) y Revista Social (Madrid), y en el periódico barcelonés El Productor. Acude al I y II Certamen Socialista (Reus, 1885-Barcelona, 1889) con ocho trabajos, todos premiados: El Problema de la emigración en Galicia; Diferencias entre el comunismo y el colectivismo; La anarquía: su pasado, su presente y su porvenir; Breves apuntes sobre las pasiones humanas; La nueva utopía (novela imaginaria); El colectivismo: sus fundamentos científicos; Organización, agitación, revolución; El crimen de Chicago.
Más tarde, en 1895, regresa a Vigo, para trasladarse dos años después a Pontevedra, obligado siempre por su trabajo de técnico en la construcción del ferrocarril. En su estancia pontevedresa, aparece, según J. A. Durán, "estrechamente ligado a los jóvenes y combativos redactores de La Unión Republicana... Se le ve junto con la izquierda obrera, republicana y socialista de la ciudad, en la campaña de mítines de protesta por los procesamientos barceloneses", e inicia la tarea de extender la propaganda anarquista entre el campesinado gallego, inspirándose en su experiencia andaluza. Al mismo tiempo colabora asiduamente en los periódicos La Anarquía y La Idea Libre, de Madrid; El Corsario, de La Coruña, y El Despertar, de Nueva York; en las revistas Ciencia Social, de Barcelona y Buenos Aires (1895-96 y 1897-900, respectivamente); en La Questione Sociale, también de la capital argentina (1894-96), y en L'Humanite Nouvelle, de París. De esta época es también su libro Lombroso y los anarquistas (Barcelona, 1896), donde critica las teorías antropológicas del escritor italiano, y sus folletos: Los sucesos de Jerez (Barcelona, 1893); La barbarie gubernamental en España (Brooklyn, 1897); La Ley del número (Vigo, 1899); La cooperación libre y los sistemas de comunidad, memoria que llevó, en setiembre de 1990, al Congreso Revolucionario Internacional de París; Del amor, modo de acción y finalidad social (Barcelona, 1900); Táctica Socialista (Madrid, 1900); La coacción moral (1901).
En los primeros años del siglo actual las publicaciones de Mella son menos numerosas, aunque sigue colaborando para revistas como Tierra y Libertad y La Revista Blanca, de Madrid, Juventud, de Valencia, y Natura, de Barcelona. Pero a partir de 1904, inicia en Gijón, ciudad a la que se había trasladado dos años antes por motivos de trabajo y exigencias de su numerosa familia -tenía doce hijos-, un período de silencio, ante el surgimiento de grandes divisiones en el seno del anarquismo y el sindicalismo revolucioanrio en España. De todos modos, su estancia en la ciudad asturiana se dejó sentir en las organizaciones de corte libertario, a través de la huella que dejó en Pedro Sierra, su primer biógrafo, y Eleuterio Quintanilla.
A raíz de los sucesos de la Semana Trágica, en julio de 1909, en Barcelona, Mella vuelve a la tribuna periodística. Esta vez a través de las páginas de Acción Libertaria (Gijón y Vigo, 1910-11, y Madrid, 1913-14) y El Libertario, semanarios en los que, al parecer de Pedro Sierra, "está, sin duda, lo mejor que Ricardo Mella produjo con su pluma". Es también en ese mismo año de 1909 cuando regresa a Vigo, donde se verá ligado a la construcción de la red viaria de los tranvías eléctricos y, ultimado el proyecto, es nombrado director gerente de la Compañía. Desde este momento y hasta su fallecimiento (Vigo, 7-VIII-1925), abandona Mella la militancia activa y las colaboraciones para la prensa. Apunta J. A. Durán que "en el año 1922, cuando lo visita Abad de Santillán, se confiesa acabado para la lucha, distante de la experiencia sindicalista de un Seguí o de un Petaña". Al parecer, según señala Pedro Sierra, "en los últimos años, aun sin dejar de ser profundamente libertario, había evolucionado Mella hacia una comprensión de las ideas por encima de todos los dogmas, una suerte de escepticismo filosófico con gran fondo idealista".
Teórico brillante del anarquismo durnte la Restauración, lector infatigable, traductor de Kropotkin, Bakunin, Malatesta, ..., apasionado ensayista, fue, sobre todo, un excelente cultivador del género periodístico. Sus numerosos artículos, escritos con una prosa ágil y elegante, con el pensamiento y el corazón, fueron verdaderas impertinencias y desafíos en la negra sociedad española del momento, y son, todavía hoy, ejemplos de libertad, antiautoritarismo, tolerancia y heterodoxia, que recuerdan, con palabras del anarquista gallego, "no pongais muros al pensamiento